
La noticia no tardó en llegar a todos los medios de comunicación españoles, hecho previsible teniendo en cuenta que se trata de un premio Príncipe de Asturias a la Concordia, que llevaba medio siglo de labor filantrópica. Hasta allí, nada fuera de lo común. El problema está en el cómo.
Como en una cascada de dominó, periodistas, políticos/as, opinadores/as de antena fueron sumando sus palabras cargadas de adjetivos detrás de un único concepto: la cooperación, la solidaridad, se han quedado huérfanas. Y acto seguido, la canonización mediática, sin matices. Aquí algunos ejemplos:
La muerte del gran filántropo tituló Juan Bedoya el obituario publicado en El País el día de la muerte de Ferrer, que comienza con una distinción curiosa: "Hay personas que no deberían morir, porque son valiosas, porque son amadas, porque son únicas", frase atribuida al padre Ángel García, sacerdote católico diocesano fundador de Mensajeros de la Paz. De la pluma del periodista, otra frase: "Vicente Ferrer seguirá vivo, sobre todo, entre los pobres de solemnidad a los que ayudó de todas las maneras posibles en Anantapur, una zona rural en los desiertos del sur de la India. Su inmortalidad son los hospitales, escuelas, casas, pozos, caminos, etcétera que levantó con un tesón sobrehumano en cientos de comunidades y pueblos."
Muere Vicente Ferrer, el hombre que llevó la esperanza a la India, tituló ABC el mismo día, y agrega "Vicente Ferrer ha dejado 135.000 huérfanos, exactamente el número de niños apadrinados en la actualidad", revelándonos la incapacidad del pueblo hindú hasta de tener esperanza por si mismo.
Y más titulares del estilo: Un ejército de agradecidos, El cooperante más importante del siglo XX, El filántropo inmortal, El hombre por quien lloran los parias, El "español con corazón de indio"....
La beatificación ha comenzado y es tentadora. El Ministerio de Asuntos Exteriores rápidamente crea el Premio Vicente Ferrer a la Cooperación. Y el president de la Generalitat de Catalunya, José Montilla, va más allá y pide el premio Nobel de la Paz para la Fundación, idea que no tarda en apoyar el Senado y asegura que impulsará la candidatura.
Tal es el convencimiento ya, que ni se escuchan las palabras y se las reconvierte automáticamente. Como sucede en esta tertulia del programa La Ventana, de la Cadena Ser, en torno al minuto 20:
Joan Subirats dice "me ha sorprendido algún comentario de una federación de organizaciones para el desarrollo (a los efectos, la FCONGD) que además de alabar la figura de Vicente Ferrer decía al mismo tiempo la importancia de trabajar con una lógica menos heroica, menos personal, menos individual (...) creo que lo más importante de Vicente Ferrer es su capacidad de mantener el legado..." A lo que Mercedes de la Merced, agrega personalismo "hay un heredero (...) una fundación que seguirá su labor allí...".
Tenemos que volver a la frase inicial "la cooperación ha quedado huérfana" para recordar que estamos hablando de cooperación. O deberíamos estar haciéndolo. La 'cooperación' pretende un diálogo entre iguales, un aprendizaje y ayuda mutuos, y en la avalancha mediática no encontramos casi ninguna aparición del pueblo indio, de esas personas que según Rafael Vilasanjuán son los actores de "una revolución que, aunque se ha llamado silenciosa, ha devuelto la voz y la palabra a quienes vivían en la nada." ¿Dónde están estas personas que, a juzgar por el tono mediático, les ha sido devuelta la voz?
No están. A los medios no les importan (¿a nadie le importa? ¿nadie les echa en falta?). Son la foto de color que justifica la existencia del benefactor, y que por ley transitiva nos hace sentir tan solidarios/as a todos/as. Pero, ¿es culpa de los medios? ¿Sólo de ellos? Los medios tienden a devorar la corteza, visible y de fácil asimilación, pero también dan lo que las ONG les dan. Tampoco se esfuerza Moncho Ferrer, hijo de Vicente Ferrer, cuando en esta entrevista en El Periódico resalta una y otra vez conceptos como 'los sueños de mi padre', 'nuestra misión', 'nuestra motivación', 'tenemos que continuar'...
Tampoco lo hace Ana Ferrer, viuda de Ferrer, en esta entrevista concedida también a la Ventana. Asegura, por ejemplo: "mucha gente cuando murió Vicente se sintieron huérfanos. Soy yo quien ha tenido que motivarles" (...) "todo lo hemos hecho Vicente y yo". Se recuerda luego la expansión exitosa de la Fundación y cómo está presente cada vez en más pueblos. Y muchos otros temas personales, la relación de la pareja, el parecido físico del sobrino con su tío. Es éste último quien da el alegato final para recordar el porqué es importante la presencia de la Fundación en España: para lograr que la sociedad colabore para poder ayudar a resolver los problemas que 'ellos' tienen...
¿Alguna ONG ha dicho algo sobre toda esta legitimación mediática del paternalismo? Yo no he encontrado ninguna mención, ni tibia al menos. ¿Será que los medios no educan? ¿Será que a ninguna llama la atención? ¿Será que es políticamente incorrecto poner en tela de juicio nuestra bondad solidaria, la misma que nos da socios/as, padrinos y madrinas? ¿Será que, como dijo alguna vez un especialista en marketing y ONG, "lo que importa es que la gente se haga socia, luego ya habrá tiempo de concienciarles"? Si sabéis de alguna que haya dicho algo, decirlo por favor!
